Durante mucho tiempo venimos aprendiendo bajo la estructura del aprendizaje por esquema. Un aprendizaje lineal, estático, ajeno a la plasticidad natural del cerebro y a la riqueza de sus posibilidades. Desde este tipo de aprendizaje los caminos se limitan a uno, las maneras…, sólo la “correcta”; el conocimiento de la realidad se haya secuestrado.
Sin embargo, a su debido tiempo, surge en cada uno de nosotros la necesidad urgente de abrirnos a lo nuevo, y trascender las limitaciones de un aprendizaje rígido, que nos mantiene inmersos en el desarrollo de la estructura lineal, viviendo una y otra vez la escasez de un pensamiento ajeno al principio básico de la dinámica de la vida; el ciclo natural de la vida, muerte, vida.
En los márgenes del aprendizaje secuencial, descubrimos con los mapas mentales la diversidad de maneras que aporta la explosión del conocimiento. Un pequeño y sencillo librito de Tony Buzan, “cómo crear mapas mentales” nos introduce en la abundancia de un conocimiento dinámico y flexible, que acomoda nuestra naturaleza. Y nos sumerge en la posibilidad del cambio.
En la familiaridad de este tipo de aprendizaje encontramos el acceso a la estructura circular, donde tiene cabida todo. Color, forma, maneras,…el talento y la creatividad dispuesto en la estructura mandala; un eje central, tras las 4 direcciones, los 4 elementos, los 4 tiempos de respiración. Pintando y meditando el mandala, uno se entrega a la expresión de todas sus formas. Y se prepara para recorrer el camino hacia si mismo. El legado del laberinto; un símbolo que aparece en todo el mundo, en culturas diferentes, en distintos puntos del tiempo, y que nos envuelve en la magia de nuestro propio tiempo interno…
La conciencia del laberinto se halla tras una simple prueba de habilidad que ofrece un camino a ser seguido por el ojo o los pies, un ejercicio para la mente o el cuerpo… Un proceso que una vez aprendido, permite su reproducción fiel una y otra vez. El método de construcción, tan simple como complejo parece el diseño, permite hacer el laberinto con la mano así como con la mente…Después de haber dibujado ½ docena de ellos, la mano deja de saber hacerlo y empieza a gnocer cómo hacerlo.
Sirvete de la escritura automática, el dibujo en filigrana, el collage o cualquier otra técnica con la que te apetezca recorrer el laberinto. Prueba incluso a construirlo en la playa y vive la experiencia de su recorrido a pie… La consigna: sigue el ritmo de tu respiración , dejate llevar por tu propia cadencia y ¡Disfruta!
