viernes 22 de agosto de 2008

El legado del Laberinto

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Durante mucho tiempo venimos aprendiendo bajo la estructura del aprendizaje por esquema. Un aprendizaje lineal, estático, ajeno a la plasticidad natural del cerebro y a la riqueza de sus posibilidades. Desde este tipo de aprendizaje los caminos se limitan a uno, las maneras…, sólo la “correcta”; el conocimiento de la realidad se haya secuestrado.
Sin embargo, a su debido tiempo, surge en cada uno de nosotros la necesidad urgente de abrirnos a lo nuevo, y trascender las limitaciones de un aprendizaje rígido, que nos mantiene inmersos en el desarrollo de la estructura lineal, viviendo una y otra vez la escasez de un pensamiento ajeno al principio básico de la dinámica de la vida; el ciclo natural de la vida, muerte, vida.

En los márgenes del aprendizaje secuencial, descubrimos con los mapas mentales la diversidad de maneras que aporta la explosión del conocimiento. Un pequeño y sencillo librito de Tony Buzan, “cómo crear mapas mentales” nos introduce en la abundancia de un conocimiento dinámico y flexible, que acomoda nuestra naturaleza. Y nos sumerge en la posibilidad del cambio.
En la familiaridad de este tipo de aprendizaje encontramos el acceso a la estructura circular, donde tiene cabida todo. Color, forma, maneras,…el talento y la creatividad dispuesto en la estructura mandala; un eje central, tras las 4 direcciones, los 4 elementos, los 4 tiempos de respiración. Pintando y meditando el mandala, uno se entrega a la expresión de todas sus formas. Y se prepara para recorrer el camino hacia si mismo. El legado del laberinto; un símbolo que aparece en todo el mundo, en culturas diferentes, en distintos puntos del tiempo, y que nos envuelve en la magia de nuestro propio tiempo interno…

La conciencia del laberinto se halla tras una simple prueba de habilidad que ofrece un camino a ser seguido por el ojo o los pies, un ejercicio para la mente o el cuerpo… Un proceso que una vez aprendido, permite su reproducción fiel una y otra vez. El método de construcción, tan simple como complejo parece el diseño, permite hacer el laberinto con la mano así como con la mente…Después de haber dibujado ½ docena de ellos, la mano deja de saber hacerlo y empieza a gnocer cómo hacerlo.

Sirvete de la escritura automática, el dibujo en filigrana, el collage o cualquier otra técnica con la que te apetezca recorrer el laberinto. Prueba incluso a construirlo en la playa y vive la experiencia de su recorrido a pie… La consigna: sigue el ritmo de tu respiración , dejate llevar por tu propia cadencia y ¡Disfruta!




lunes 18 de agosto de 2008

Re Crea Te







La relación madre-hijo es la esencia sobre la que se construye nuestro vínculo con el mundo… Desde pequeños, venimos marcados por las carencias afectivas que en mayor o menor medida todos padecemos, estas carencias a medida que pasan los años las vamos supliendo a cuenta de componer un tinglao lo suficientemente rígido y estructurado como para sentirnos seguros. Para proveernos de una seguridad básica sin la cual seriamos incapaces de salir al mundo. Unos más rígidos, otros menos, pero siempre moviéndonos desde el blanco/negro del miedo a lo desconocido.

Claro está!, el tinglao nos arropa pero también nos encarcela, convirtiéndose en el origen de todos nuestros males.

Nos queda, ocuparnos afanosamente en cortar malas hierbas o dedicarnos a plantar flores. Y por supuesto! con los tiempos que corren eso es lo que toca; Incorporar paulatinamente rutinas de salud que sustituyan modelos y actitudes rígidas, toda esa carga de razones que nos mantiene aferrados a la carencia.

Comienza por incorporar al final del día la ducha de cierre. Termina la jornada y es preciso “dejar ir…” para que otro dia pueda venir.
Una ducha firme, de “las de guante de crin”; recorriendo en nuestro cuerpo la huella de los pasos dados. Acompañando internamente con la conciencia puesta en el ejercicio diario de la retrospección –Me miro en mi recuerdo. Me observo desde fuera, unos minutos, como si me viera en pelicula, rebobinando hacia atrás. Repasando todos los detalles, movimientos y acciones hasta el momento en que desperté-. Deleitate en la escultura de tu cuerpo, dibujando con tu aseo la firmeza de tus formas. Una buena sesión de frotado intermitente utilizando simplemente un puñado de sal gruesa o una bolsita de muselina llena de salvado de arroz, y con el tiempo, la voluntad emerge bajo la dirección del YO, en lugar de ser el YO quien este a merced de la voluntad.

Disfrata del placer de tus cuidados y amplia sus dominios; aceites, masajes, esmaltes… Re-create en tu belleza… En el reparador encuentro con la noche, que es la suerte del que está, al día.